Muchas veces he dicho que cada parto y cada peque son un mundo. Es cierto que cada uno es único y cuando hablamos, generalmente hablamos de experiencias propias.

Una de las preocupaciones de toda embarazada es la rotura de la bolsa. Si realmente pasa como en las películas nos lo hemos preguntado casi todas la primera vez. En esta ocasión, y debido a las dudas que genera el tema, hablaré de mi propia experiencia.

Primera experiencia

He tenido dos partos con sus correspondientes roturas de bolsa. La primera vez pasó a las 5 de la mañana. Yo estaba dormida, como es de suponer, y por misterios de la naturaleza me desperté. La rotura en sí no la noté. No noté un latigazo ni nada parecido. Pero empecé a notar que algo salía. Como cuando estás con la regla y notas cómo sangre abundante va bajando. En plena confusión, me levanté al baño a ver qué me encontraba.

Parecía que había sido una falsa alarma, no noté nada más y me volví a la cama. Pero cada vez que cambiaba de postura volvía a pasar: chorreo de líquido sin poder evitarlo. Al poco, sobre las 6 de la mañana comenzaron las contracciones. Cada diez minutos, sin mucho dolor. También como cuando te baja la regla, un dolor soportable. Además, en este caso, es poco duradero, de apenas 30 segundos. Finalmente a las 7 y media me levanté, más emocionada que otra cosa, con la incertidumbre y esperanza de estar de parto.

Cuando llegué al hospital y me palparon, me dijeron que la bolsa no estaba rota. Pero entonces les enseñé cómo se me habían quedado los pantalones en la sala de espera. Estaban empapados. Lo que había pasado es que se había roto pero por la parte superior. El bebé hacía presión y mantenía el líquido amniótico dentro, pero a cada movimiento la bolsa se movía y el líquido salía. Al final me la rompieron en el hospital por la parte de abajo. Cuando me palpó la ginecóloga estaba dilatada de 3 centímetros, y tras romperme la bolsa pasé a 4. Al romperla, el bebé bajó un poco más su posición y abrió un poco más el paso, por lo que me pasaron directamente al paritorio porque con 4 cm de dilatación ya se considera parto activo.

Segunda parte

El segundo, en cambio, fue un parto inducido. Tras estar 24 horas con el Propess sin mucho avance, los ginecólogos decidieron empezar el parto “por las malas”. Y eso fue la rotura de la bolsa amniótica. La matrona vino con una aguja enorme y una bacinilla, y en seguida y sin esfuerzo aquello explotó. En este caso, supongo que por ser consciente de que iba a pasar, noté cómo explotaba la bolsa en mi interior. Como un globo de agua que se te explota en tu mano: no duele, aunque te enteras, y el agua sale y sale sin que lo puedas evitar. Tras esto, obviamente, el parto empezó, fue rapidísimo, y en menos de dos horas mi niño estaba fuera.

Ahora te toca a ti. Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.

Categorías: Embarazo

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