¿Estás pensando en tener un parto sin epidural? Muchas embarazadas lo hacen, y cada vez es más popular.

Las razones son varias, y van desde el miedo a las intervenciones médicas hasta el deseo de una recuperación más rápida y el anhelo de una conexión más cercana con el bebé al nacer, o el deseo de dar a luz en en casa. Además, a muchas no les gusta la idea de no tener el control o de no poder sentir parte de su cuerpo durante esta importante experiencia.

Pero la principal razón por la que las mujeres se deciden por partos naturales es porque quieren sentir completamente la maravilla del parto, y descubrir de qué son capaces sus cuerpos, sin medicamentos u otras intervenciones.

Luego hay un punto intermedio: a muchas les gusta la idea de intentarlo, sabiendo que el alivio del dolor afortunadamente existe si deciden cambiar de opinión.

Yo iba con la idea de no ponérmela, al menos hasta que el dolor fuera insoportable, pero la matrona me dio un gran consejo: “Si te la vas a poner, hazlo ahora y evitarás sufrir a lo tonto”. Y me convenció. Pero fue la peor parte. Tardaron más de media hora en ponérmela, y con contracciones y sin poder moverme… Finalmente, tras cambiarme de posición varias veces, lo logró una segunda anestesista. Es cierto que el dolor, al menos en mi caso, disminuye considerablemente. Yo casi no noté dolor. En cambio, en  el segundo parto no hubo tiempo para epidural y di a luz con más dolor. Cada uno tiene su parte buena y mala. Con epidural no notas mucho dolor pero la recuperación es más lenta.

En cuanto a la duración, hay partos que no duran más de 15 horas, y hay partos de más de 48. Lo importante es prepararte como para una maratón, sabes que va a ser duro, pero en la meta te espera la persona más importante de tu vida. El estado de ánimo correcto marca la diferencia.

Piensa que tu cuerpo está destinado a hacerlo, está diseñado para ello. Durante miles de generaciones las mujeres han dado a luz y casi siempre sin anestesia. Tú también puedes!

Transcurso del parto

¿Sabes lo que es el tapón mucoso? Yo no lo supe hasta que lo expulsé. No siempre se nota, y puede ser que ni lo expulses hasta el momento del parto. Es, como su nombre indica, un tapón en el cuello del útero que aísla al bebé y lo protege de posibles infecciones. Cuando el cuello del útero se empieza a borrar puede desprenderse, total o parcialmente, pero no significa que estés de parto, ni mucho menos. En mi último parto, pasó casi una semana.

Lo que sí es un signo de que estás de parto es la rotura de la bolsa amniótica, lo que conocemos por romper aguas. No siempre es así, hay mujeres a las que tienen que romperles la bolsa en la sala de partos, pero generalmente es la pista que necesitamos para ser conscientes de lo que va a pasar. Eso sí, tranquila que tienes tiempo para coger la maleta y subir al hospital, o de llamar a quien vaya a ayudarte en ese momento tan especial.

Hasta que no estás dilatada de 4 cm no se considera parto activo. Pero como medir es muy complicado, te puedes guiar por la frecuencia de las contracciones. Una contracción es como un dolor menstrual, aunque más intenso y poco duradero. Al principio no superan el medio minuto. Cuando la intensidad aumenta y son constantes, entre dos y cinco minutos entre cada contracción, estarás lista para que te vea un médico porque ¡empieza el movimiento!

Si es tu primer bebé, haz un esfuerzo por permanecer abierta a todo lo que está atravesando tu cuerpo y deja que tu instinto trabaje. Si has tenido un parto anterior, puedes encontrar este “más fácil” porque ya sabes qué esperar y los siguientes nacimientos son casi siempre más rápidos y fáciles.

Cuando la oxitocina fluye a través de tu cuerpo, es casi como si estuvieras en un estado alterado de conciencia. Luego, cuando estás a punto de empujar, tienes un aumento de adrenalina que atrae la atención de la madre más exhausta. La Madre Naturaleza, que ¡es genial! Esta es la razón por la que algunas mujeres piensan que no pueden más y luego resurgen. Pero para cuando llega ese momento, la parte más difícil ya está hecha, y lo que te pide el cuerpo es ¡empujar!

Expulsivo

La primera etapa del parto cumple la función de borrar el cuello del útero haciendo contraer el útero a intervalos regulares, lo que conocemos como dilatar. La segunda etapa del parto es cuando empujas para hacer pasar al bebé por el conducto vaginal y expulsarlo de tu cuerpo. La tercera etapa es cuando expulsas la placenta.

Una vez que el cuello del útero está totalmente borrado, ya estás dilatada de 10 centímetros, así te pasan al potro para el expulsivo. Posiblemente, lleves ya un rato  con ganas de empujar, y es ahora cuando la matrona te da luz verde. Si todo va bien y no hay complicaciones, desde que pases al potro hasta que nazca tu bebé pasará una media hora. Unos pocos empujones te separan de tener a tu bebé en tus brazos.

¿Te han hecho alguna vez una espirometría? Es esa prueba en la que te dan un tubito de papel para que soples y soples hasta que no puedes más y te dicen “un poco más… un poco más…” Pues es parecido.

El cuerpo te pide empujar pero tienes que hacerlo con tanta fuerza que parece que no podrás más. Hasta que viene la siguiente contracción y sacas las fuerzas necesarias de nuevo.

Yo recuerdo que una de las clases preparto la matrona nos hablaba de técnicas que se usaban en el expulsivo. Nos contó que algunas matronas se subían encima de la tripa para ayudar a la madre a empujar, y que  eso era muy malo para el bebé, que no dejáramos que nos lo hicieran.

Durante mi primer parto, mientras yo empujaba, mi hija asomaba un par de centímetros pero al dejar de empujar volvía a meterse para adentro. Tras cuatro empujones igual, la matrona que asistía mi parto se me subió encima y me ayudó a empujar. Gracias a eso mi niña salió. No sé si es una buena técnica o no, y lo cierto es que no tuve tiempo para reaccionar, pero en esos momentos, los que están ahí todos los días son los que mejor te pueden guiar.

Inmediatamente después del parto, la matrona succionará la mucosidad de la boca y la nariz del bebé y podrás escuchar el tan ansiado primer llanto. En ese momento, colocan a tu bebé en tus brazos (o barriga) y le cortan el cordón umbilical.

Tal vez la cabeza la tenga algo deformada por haber atravesado el canal del parto, pero es normal y poco a poco la cabeza del bebé irá tomando su forma definitiva. Para que te hagas una idea, la fontanela suele tardar alrededor de un año en cerrarse. Mi marido siempre recordará la “cresta de huesitos” con la que mi hijo asomó la cabeza.

Tras un tiempo contigo, llevarán a cabo una serie de pruebas de control para evaluar las reacciones del bebé y los signos vitales, y lo pesarán y medirán. Generalmente suelen dejarte al bebé mientras expulsas la placenta y te dan puntos si ha habido desgarro o episotomía. Lo que ya no suelen hacer es lavarlos, y mucho menos llevárselos fuera de vuestra vista, si no ha habido ningún contratiempo.

En mi segundo parto, estaba presente una neonatóloga (especialista en recién nacidos) porque mi embarazo era de riesgo. Tras examinarlo y soltar su primer llanto, vieron que tenía dificultades para respirar y se lo llevaron inmediatamente a la incubadora.

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