La lactancia es una de las cosas más bonitas que le pueden pasar a una mujer. Tras el parto, toda esa conexión que había con el bebé dentro de la barriga cambia, y diría que hasta se echa de menos. La lactancia es una manera de mantener esa necesidad mutua. Hay mujeres que dan el pecho hasta bien pasado el año y no tienen la necesidad de alimentar a sus bebés con leche de fórmula. Pero también hay casos en los que la lactancia materna no es tan bonita.

Una breve historia

No muchos de nosotros fuimos amamantados por nuestra madre en las últimas dos generaciones. Se pensó que la leche de fórmula era una fuente de alimento superior y la lactancia materna se consideraba cosa de pobres.

A finales de los años 80 y 90, la lactancia volvió a estar de moda ya que las madres, los profesionales médicos y los funcionarios de salud pública buscaban poner fin al estigma que atormentaba a las madres que amamantaban en décadas anteriores.

Hay beneficios de la lactancia materna que no se tienen en cuenta en estos estudios, como el control de peso para la madre, el vínculo emocional entre la madre y el bebé, y la satisfacción emocional que la lactancia materna puede brindar. También parece que hay beneficios a corto plazo para la salud del bebé, como una mejor digestión o que las defensas maternas pasan y protegen al bebé. Pero realmente a largo plazo no importa.

Pros y contras

Coste

La leche de fórmula es cara, claro que si el tiempo es oro, esta ecuación cambia porque vas a pasar mucho tiempo amamantando.

Comodidad

Cuando tu bebé se despierta hambriento a las 3 de la mañana, como hará varias veces por noche, es más fácil ponerlo al pecho y volver a dormir que levantarse de la cama, ir a la cocina, calentar agua y mezclarla con polvo de leche, esperar a que se duerma para retirar el biberón, etc.

Por el contrario, el biberón generalmente les suele saciar más y, por tanto, duermen más tiempo. Y cuando empiezan con cereales ¡ni te cuento!

Movilidad

Lo mejor de dar pecho es puedes ir a cualquier parte, en cualquier momento sin pensar en la cantidad de agua, polvos, biberones… que tienes que llevar para el tiempo que estarás fuera.

Exclusividad

Cuando amamantas a tu bebé, siempre eres tú la que tiene que alimentarlo. Es una sensación muy bonita porque tu bebé te necesita, pero cuando estás enferma, ocupada o ausente es un engorro. Cuando los bebés se alimentan con leche de fórmula, puede hacerlo cualquiera. Eso es una gran ventaja.

Sí, las madres que amamantan también pueden sacarse leche para que otros puedan alimentar con biberón a su bebé, pero también consume mucho tiempo y es más engorroso si cabe.

Los grandes problemas de la lactancia materna

La mayoría de las madres que amamantan lo experimentarán en algún momento, y es que si el pecho no se vacía cada cierto tiempo la leche se acumula y los pechos se endurecen. Si esto perdura durante mucho tiempo, puede derivar en mascitis.

Para evitarlo, debes amamantar al bebé o sacarte leche cuando notes dolor o dureza en los pechos. Prueba a masajear la zona un par de minutos para ablandarla un poco, y si te duele puedes probar a aplicar calor. Una ducha caliente ayuda mucho. A veces es normal, cuando el bebé duerme de tirón por mucho tiempo, sobre todo el primer mes, que el cuerpo se tiene que adaptar a la demanda del bebé. El dolor e hinchazón pueden desaparecer en seguida o incluso pueden durar un par de tomas.

Si el dolor persiste, o notas fiebre o malestar, acude a tu médico o matrona para que te traten. Lo más importante es no dejar de amamantar durante el proceso, porque aunque duela, alivia.

Otro problema que suelen sufrir muchas madres son los hongos, sobre todo en los pezones. Por eso es tan importante mantener los pezones secos, hay que evitar cualquier humedad.

Sin olvidarnos del más común, sobre todo al principio: las grietas en el pezón. Suele ser síntoma de un mal agarre del bebé y complican mucho una buena lactancia. Cuando hay grietas hay dolor, por lo que es importante corregirlo cuanto antes.

Cualquiera que puedas sufrir es un fastidio pero se puede tratar dentro de uno o dos días, así que no es tan malo. Casi todas tenemos que pagar el «impuesto de lactancia materna» en un momento u otro.

Sacaleches

Si te planteas volver al trabajo antes de dejar de amamantar, tendrás que extraerte leche en el trabajo. Si trabajas para una gran empresa que conoce las leyes relacionadas con la lactancia y cosas por el estilo, considérate afortunada. Si no corres esa suerte, tendrás que aprovechar los descansos para ir al baño y sacarte leche en alguna posición indescriptible. Por no hablar de que tienes que cargar cada día con el sacaleches y la nevera para mantener la leche bien refrigerada.

En mi caso, con la primera dejé la lactancia cuando empecé a trabajar. En el segundo caso, aguanté con el sacaleches casi un més, pero con mucho sacrificio. Decidí que no me compensaba. Además, amamantar no tiene que ser una cosa de todo o nada. Durante mi jornada laboral le daban biberón o puré, cuando comenzamos a introducirle más alimentos, y cuando yo llegaba a casa le daba pecho.

Al igual que con la mayoría de las decisiones en la vida, al final del día debes sopesar tus propios pros y contras y ver qué es lo correcto para ti y tu bebé en cada momento.

Y por favor, si no puedes amamantar no te martirices. Hacemos lo mejor que podemos y eso es todo lo que cualquiera puede pedirnos.

Empezando

Al principio te preguntarás más de una vez por qué es tan difícil si la lactancia materna es lo natural. El comienzo no está exento de desafíos. Pero no te preocupes, con un poco de persistencia y perseverancia, lo conseguirás. A casi todas nos cuesta al principio. No eres la única.

Comienza en el hospital y asegúrate de que las enfermeras o matronas observan el frenillo del bebé. Si el frenillo es corto, la lengua del bebé no podrá ponerse en la posición correcta y pueden surgir problemas de agarre.

Esencialmente, la boca del bebé debe estar muy abierta para poder coger la mayor parte posible de pezón y areola. Si no lo está y solo está chupando el pezón, aquí es donde comienza el problema.

El agarre

Ponte cómoda y encuentra tu lugar tranquilo. Dile a tu pareja que te dé al bebé. Colócalo de costado, ahuecando su cuerpo a tu alrededor para que tenga forma de «C».

Lleva su nariz a tu pezón para que abra la boca. Algunos bebés lo hacen al instante, otros necesitan más estímulo. Frota el pezón o dedo en el labio inferior del bebé. Espera hasta que su boca esté bien abierta, cueste lo que cueste.

Esta parte es la más difícil, porque cuanto más tardes, más llorará de hambre y posiblemente se agitará. Tu instinto será darle tan pronto como sea humanamente posible pero resiste este impulso que no va a morir por tener que esperar 30 segundos adicionales (aunque lo parezca).

Cuando su mandíbula inferior se abra, llévalo hacia tu pecho, metiendo la mayor cantidad de areola inferior en su boca. Tu pezón tiene que tocar el paladar del pequeño para una buena succión.

Este proceso puede ser muy frustrante y requiere mucha paciencia. El problema es que desenganchar al bebé también puede ser doloroso. Para hacerlo, inserta tu dedo meñique en la esquina de su boca para romper la succión. Si está mal agarrado, puede causar mucho daño en muy poco tiempo, así que sácalo lo antes posible y vuelve a intentarlo. Es frustrante. Lo sé por experiencia, pero la práctica es la clave. Prueba diferentes posturas, habla con tu matrona para que te guíe, y acude a la liga de la leche, donde hay expertas que te ayudarán a superarlo. Y si no, siempre te quedarán las pezoneras. Yo era muy reacia, pero después de probarlas me convencí. Además, favorece a que más tarde no haya rechazo hacia el biberón, y incluso mayor facilidad para el chupete.

Torpeza social

Si pretendes salir de casa para hacer algo, tienes que sentirse cómoda con la lactancia fuera de tu casa. Puedes sentirte intimidada. Sin embargo, con un pañuelo de lactancia, puedes amamantar en cualquier lugar de manera discreta y cómoda. Yo lo he usado no por vergüenza, sino por climatología: Estaba en el parque con mi hija mayor y se levantó viento. Mi niño tenía hambre y la mantita que llevo siempre en su bolso se volaba. Una madre me ofreció la manta de lactancia y me resultó muy útil.

Al principio crees que todos te miran, pero realmente no lo hacen. Si eres muy tímida puedes sacarte leche y llevarla en un biberón. Y, por cierto, cuanto antes acostumbres a tu bebé a la leche fría, mejor.

Falta de confianza

“Mi bebé no está recibiendo suficiente leche”. No puedo decirte cuántas veces lo he pensado. Es duro pensar que estás matando de hambre a tu bebé, pero realmente sólo el 3% de las mujeres tienen un suministro inadecuado. Esta duda puede meterse con tu cabeza y es tu peor enemiga. La mejor manera de saber si lo estás haciendo bien es si tu bebé coge peso. Su pediatra te dirá si sigue según la media, o necesita refuerzo.

La lactancia y yo

En mi caso, llegó a convertirse en una obsesión. Ya en el hospital se me hicieron grietas en el pezón. La cosa no mejoraba y probé todo tipo de pomadas y remedios caseros que no hacían nada. Mi matrona trataba de enseñarme distintas posturas para facilitar el agarre del bebé pero tampoco mejoraba. El primer mes fue devastador, y más cuando la pediatra nos dijo que no cogía suficiente peso y había que darle refuerzo. Tanto sacrificio para nada…

El primer biberón que le dio mi marido a la niña fue como un jarro de agua fría, incluso lloré. Sentía que había fallado. A mi bebé y a mí. Como no quería desistir de la lactancia materna, comencé con el sacaleches, que hasta que no estás en ese punto ni te lo planteas. Yo no sabía ni lo que era, hasta que me prestaron uno. Es una experiencia bastante surrealista, por cierto. Durante todo el segundo mes de mi bebé me sacaba leche a deshoras para poder darle a las horas que ella tenía que comer, por lo que me convertí en una mujer pegada a un sacaleches ¡cada dos horas me sonaba la alarma! Pero esa situación no era sostenible y el tercer mes me dije a mi misma que quería disfrutar de verdad de mi hija. Probé por última vez si la niña al ser más mayor podría succionar sin problemas y ¡sí! Así que, aunque ya no producía todo lo que ella necesitaba, no dejé de darle pecho hasta los seis meses, que empezó a comer purés, y al reducirse las tomas fue disminuyendo la cantidad de producción.

Cuando di a luz a mi segundo hijo dije que no quería saber nada de sacaleches. No quería pasar por lo mismo, y si no podía darle el pecho no me importaría. Pero al nacer fue a la incubadora. Así que, si cuando saliera quería al menos probar, tendría que estimular con sacaleches ¡Otra vez! Sin embargo, la experiencia, que es un grado, hizo que me tomara la situación de otra manera y logré disfrutar de la lactancia materna, aunque los inicios, otra vez, no fueran los esperados.

Con esto, lo que quiero hacerte ver son dos cosas: que ni se es menos ni peor mujer o madre por no darle leche materna, y que nunca sabes lo que va a pasar, pero por malos que sean los comienzos, siempre hay una alternativa. En mi caso fue el sacaleches, pero el biberón también es igual de bueno. La prioridad es el bebé, cómo lo alimentes es decisión tuya.

Sea cual sea tu decisión, no te dejes influenciar por lo que te diga nadie.


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