Ya lo hemos comentado antes, pero es importante que cuando llore, se responda de inmediato y cuanto más pequeño es, más rápida debe ser nuestra reacción. Esto no es mimarle, sino demostrarle que le queremos y le entendemos.

Creo que lo leí en el libro “Bésame mucho” de Carlos González, que decía que el ser humano no puede oír llorar a un bebé y sentirse indiferente. Lo tenemos en el ADN, el mero hecho de oír llorar a alguien nos altera a nosotros mismos. ¿Cómo vamos a dejar llorar a alguien tan indefenso?

Tu bebé puede llorar por diversas razones: tiene hambre, el pañal sucio, frío, calor o le duele algo. Casi siempre, todos sus problemas pueden solucionarse dándole de comer, cambiándole el pañal o cogiéndole en brazos.

Si llora después de comer, probablemente tenga gases. El eructo no es obligatorio, pero dale la opción de echarlo, por si acaso, ya que a veces le puede costar más. Los gases pueden provocar fuertes dolores. Para ayudarle, puedes incorporarle apoyándolo sobre tu hombro, o ponerle boca abajo, y dale unas palmaditas en la espalda.

Los primeros meses su estómago aún no está preparado para tanto trabajo, y es posible que llore por los dolores que le provocan los cólicos. Mientras se adapta, es bueno ayudarle con unos masajes o dándole calor con tus manos.

Todo lo que tenga efecto relajante le beneficia. Por ejemplo, hablarle con mucha delicadeza, acariciarles la carita…

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