Parece que fue ayer cuando comenzaba a sonreír, empezaba a reaccionar cuando alguien le hablaba… qué bonitos recuerdos de tu bebé, un pequeño dulce y dormilón. Ahora no para de moverse y explorar todo a su alrededor.

Entre los 12 y 24 meses, las capacidades cognitivas de tu peque explotarán.

Probablemente notarás cambios importantes a los 12 meses, los 18 meses y luego, de nuevo, acercándose a los dos años.

Por ejemplo, en comparación con los niños de un año, los de 18 meses tienen más probabilidades de ser resistentes a los cambios o las transiciones. ¿Por qué? Porque saben lo que quieren y cuándo lo quieren (y también lo que no quieren, como salir del parque cuando dice que es hora de irse a casa).

Todavía no puede comunicarte sus deseos, no con palabras al menos. Te dirá lo que quiere, y no quiere, a través del llanto, las patadas y la increíble forma en que arquea la espalda para salirse con la suya.

Emociones

Sólo puede experimentar emociones simples, lo que equivale a afectos primitivos: celos, simpatía y ansiedad. Además, no tiene control emocional.

Sus sentimientos tienden a ser erráticos e impredecibles, y ya es capaz de manifestaciones de temperamento violentas y repentinas.

Es pequeño y apasionado. Actúa, se mueve y se comunica con su cuerpo entero; es posible que notes que se dará la vuelta entera para mirar algo, en lugar de girar sólo la cabeza. También para transmitir sus emociones (felicidad, tristeza, ira, angustia, etc.). Es por eso que se tirará al suelo cuando le quites algo que quiere.

Diversiones

Le encanta golpear cosas o tirarlas al suelo. También le gusta la repetición, así que no te sorprendas cuando haga lo mismo una y otra vez. Esta afición por la repetición es una de las razones por las que tantos expertos pregonan las rutinas como un incentivo para los niños pequeños.

Idioma

Puede comprender sólo uno o dos comandos simples (como “no” o “para”), pero a los dieciocho meses, comprenderá la mayor parte de lo que dice. De hecho, su nivel de comprensión del lenguaje será mucho más amplio que su propio vocabulario.

Aún así, con un año no podrá seguir explicaciones racionales. Aunque puede estar empezando a entender la causa y el efecto de manera rudimentaria, no tiene sentido común y no puede comprender ni percibir el peligro físico.

Yo y yo

Con un año básicamente no entiende que los demás existen como seres separados. No entiende que lo que hace puede afectar a otra persona, o que incluso tiene control sobre su propio comportamiento. Como resultado, es incapaz de una consideración compasiva. Por tanto, es egocéntrico por naturaleza, sólo se relaciona con otras personas cuando le da la gana.

No puede adaptarse fácilmente a lo que está sucediendo y no puede obedecer nuestras solicitudes. Por ejemplo, no puede “callar” en el momento justo, y no cambia fácilmente de una cosa a la siguiente cuando lo necesitas.

Independiente

Comenzando alrededor de los 18 meses (y continuando hasta alrededor de los tres años), la tensión entre la independencia y la dependencia es un tema siempre presente. Una vez que los niños pequeños pueden unir palabras para formar oraciones, “hazlo tú solito” puede convertirse en una frase corriente.

A esa edad, los peques son seres sensoriales. En su mayor parte, aprenden haciendo y experimentando cosas. No temas en dejarle jugar con la arena, con la tierra de las plantas, con el agua, etc.

Es impulsivo. Su capacidad de atención es bastante corta, y no tiende a permanecer en un lugar o con una actividad durante mucho tiempo.

Interacción social y juego

Ya hemos hablado acerca de cómo a los doce meses tu peque vive en un mundo donde sólo ellos existen, por lo que como tal, el comportamiento social es casi inexistente.

A esta edad, la mayoría de las interacciones con otras personas implican exigencias, y tu peque las ve principalmente como un medio para obtener lo que quiere. Incluso en un grupo de niños, permanecerá aislado y jugará solos, junto a otros. Esto se llama juego paralelo y es un comportamiento muy típico de los niños pequeños.

Ya he mencionado en alguna ocasión que con mi primera hija yo decidí quedarme con ella en casa, por lo que no tenía relación alguna con ningún otro niño. Bajaba todas las mañanas al parque porque me obsesionaba que no aprendiera a relacionarse, hasta que lo hablé con su pediatra, que me dijo que hasta los dos años no empiezan a interactuar. Ahora que el segundo va a la guardería lo veo claro: hay muchos niños en su aula, pero ninguno se hace caso o repara en lo que hacen los demás.

La mayoría de los niños pequeños de esta edad en realidad se relacionan mejor con los adultos que con otros niños; por ejemplo, balbucean a los adultos, pero casi nunca con otros niños.

No sólo ignorar a otros niños, sino también golpearlos o empujarlos es una conducta común. No son personas horribles, es solo parte de su exploración. Algunos expertos dicen que los niños de un año no pueden diferenciar entre personas y cosas.

Otra factor importante de su comportamiento es el no tener: no esperes que comparta. No va a pasar.

Ahora que sabes lo que se considera una conducta cognitiva, social y apropiada para su desarrollo, aquí va una breve lista de conductas que pueden justificar una visita al pediatra:

– No muestra interés en los demás

– No mantiene el contacto visual

– No sonríe

– No balbucea con 12 meses

– No se vuelve para ver de dónde viene un sonido o no reacciona ante ruidos fuertes y atípicos

– No le gusta que le toquen

– No saluda con 12 meses

– Pierde habilidades verbales o sociales – solía balbucear o sonreír a los demás y ahora no

– Sintoniza con los demás y se retira a su propio mundo

Algunas de estas señales quizás indiquen un retraso o un problema más serio, o podría no ser nada en absoluto. Para estar segura, habla con el pediatra.

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